La economía neoliberal: “Los dueños del mundo”

Ismael Ledesma Mateos

Para mi ahijada Isis

Ubú Rey era dueño de su mundo, sin embargo en la actualidad, cuando sufrimos lo que Lenin llamó “el imperialismo, fase superior del capitalismo”, el mundo tiene varios dueños, que no son muchos, pero que explotan a todos los habitantes del planeta y detentan la riqueza de una forma obscena.

Esto viene a mi cabeza pues el jueves 7 de julio se presentó en Puebla el libro El sistema económico neoliberal. Cómo empoderar a México (Ediciones de Educación y Cultura, México, 2016), de Lauro Sánchez López, quien con una sólida formación en economía y filosofía —sus dos carreras— ha incursionado durante muchos años en la política, todo lo cual lo provee de los elementos necesarios para abordar el tema desde una perspectiva académica y no partidista, a pesar de su militancia. Es realmente reconfortante encontrar un texto como éste, de gran agudeza crítica.portada-libro-jun2016-web

Lauro Sánchez estructuró su obra en tres partes: “El sistema económico neoliberal”, “Las debilidades productivas de México” y “Hacia una revolución asociativa”, donde a partir de un análisis integral del significado y las nefastas implicaciones del neoliberalismo, aterriza en una propuesta de política agroalimentaria. De hecho, el libro podría considerarse conformado por dos grandes secciones: la primera, el análisis del neoliberalismo y su cuestionamiento; y la segunda en una propuesta alternativa centrada en la problemática de nuestro país, particularmente del sector agropecuario.

Lauro es priista de toda la vida, pero no niega su formación derivada de la economía marxista —para mí el punto de partida de toda posición seria en ciencias sociales—, y de ahí la solidez de sus planteamientos. Desde la introducción podemos percatarnos de ello, cuando dice: “Apenas estamos en el umbral del siglo XXI y la situación económica mundial es cada día menos comprensible y predecible. Todo parece indicar que vamos de frente a las entrañas del monstruo de la globalización, que se alimenta devorando pequeñas economías nacionales para alimentar su propia subsistencia”. Quienes pudieran pensar que el libro es la justificación de un neoliberalismo inexorable, cosa más falsa cuando enfrentamos a un fenómeno producto de la acción política, que a su vez lo retroalimenta, lo que hace válida su denominación de “sistema”.

En efecto, en una formación económico-social, tal como lo planteó Althusser, la estructura económica de la sociedad es determinante, pero lo es “en última instancia”, por lo que no debe dejar de prestarse atención a las estructuras ideológica, jurídica y política de la sociedad (la superestructura, en los términos originales de Marx), de forma que la economía neoliberal incipiente generó la ideología neoliberal, la cual alimentó las políticas económicas, tal como en el caso de la Gran Bretaña y el muy desgraciado de México. Esa conjunción de estructuras en interacción es lo que lleva a la conformación de un sistema. Por eso el título del libro que hoy comento me parece relevante y significativo.

La globalización es un fenómeno que existe desde hace muchos siglos y su evento más impactante y determinante en la historia de la humanida ocurrió en 1492, cuando Colón descubrió América. Sin embargo, el surgimiento y desarrollo de la economía neoliberal llevó a un uso ideológico del término, aunado a toda una forma de ver el mundo determinada por otra ideología, la del “libre mercado”. La idea del mundo global que el neoliberalismo maneja está ligada a una concepción imperialista, y como Lauro afirma: “Las naciones ya no se dividen en países del norte y del sur, tampoco en desarrollados y en vías de desarrollo, del primero y del tercer mundo, países pobres o ricos. Los modelos nacionales prácticamente han dejado de existir como tales. Vivimos en una difuminación brumosa de los ciclos económicos. Los planes gubernamentales de desarrollo se desvanecen ante la especulación financiera y productiva que practican los grandes capitales multinacionales, en su desenfrenada competencia por generar y concentrar la mayor riqueza posible que genera el mundo”.

Y prosigue: “Todos sabemos que pocas familias, muy ricas, han hecho de nuestro planeta una fábrica de personas pobres que les permite producir barato; y que con nuestra sociedad han fraguado un enorme mercado mundial al que le venden muy caro, jugando con nuestras necesidades y expectativas de bienestar para tratar de satisfacer su sed de acumulación y dominio… Ahora casi todos son países pobres, otros muy pobres y muchos otros paupérrimos, así lo indican las cifras macroeconómicas y las masivas corrientes migratorias que están inundando Europa y los Estados Unidos de Norteamérica”.

Todos los capítulos del libro son interesantes, pero el título del primero tiene un enorme impacto: “Los dueños del mundo neoliberal”, donde el autor explicita de manera clara la forma como se configuró el sistema que nos aqueja desde una breve perspectiva histórica, donde me llama la atención y me gusta por su pertinencia la cita del gran teórico marxista Ernest Mandel en su Tratado de economía marxista(1969), donde se menciona una declaración del Sr. Level, presidente de la Asociación Británica del Jabón, respecto de la cual Lauro dice: “Con esta declaración se iniciaba el reconocimiento de la integración de las grandes alianzas empresariales… para subsistir participando de los crecientes mercados… sin embargo, estas suaves palabras del señor Level encubrían la encarnizada competencia que ya existía en el acontecer diario y en medio de esa lucha feroz para producir más y apropiarse de los mercados, unos iban comprando acciones o empresas completas, liquidando a los más débiles económicamente, a quienes no querían o no podían coligarse, de tal forma que muchos fueron desapareciendo obligados por una fuerte competencia productiva…”

La forma como se denomina a los “dueños del mundo” me parece genial: el autor se refiere a dinastías económicas que han constituido una compleja red de corporaciones que, como escribe, “están todos los días y todo el tiempo con nosotros: en cualquier gran ciudad o pequeña comunidad rural, en nuestra mesa, en el guardarropa, en el automóvil, en la oficina, en la fábrica, en el restaurante, en las tiendas grandes y pequeñas, nos acompañan cuando estamos en casa, cuando salimos de ella, en la fiesta familiar, cuando estamos de vacaciones. Esto significa que prácticamente cualquiera que sea nuestro estilo o nivel de vida, siempre estamos utilizando o consumiendo algo o mucho de lo que venden sus empresas”

Y remata: “Esa oligarquía neoliberal que vive en la cima de la comunidad mundial es una gran defensora del capitalismo democrático. Neoliberalismo y capitalismo democrático tienen un nexohistórico común, ambos comparten una esencia: ambos surgen y se caracterizan por una concepción individualista de la sociedad. El neoliberalismo es el sistema económico que a lo largo de la historia garantiza un mercado de tendencia global y permite alimentar, casi de manera ilimitada, la ansiedad de riqueza que les permite continuar siendo, por generaciones, los dueños del mundo, con presencia económica en todos los países del planeta”.

La crítica del maestro Sánchez López es aguda y cáustica. Es así que sostiene: “Los dueños del mundo manipulan las ciencias como la psicología, sociología, economía, entre muchas otras y emplean las nuevas tecnologías de la información para enviar de manera cifrada mensajes de consumismo, temor y sometimiento… de esta manera se está sometiendo a la comunidad mundial… Frívolamente, ellos nos ven como una masa explotable e insaciablemente consumista, que devora todo lo que se produce y se devora a sí misma a través de la delincuencia como forma ilegal de redistribución de la riqueza, pues legal o ilegalmente, todo individuo desea participar del ‘derecho’ al consumo y a la vida. Lo grave estriba en que al final todo el dinero lícito e ilícito va parar a las mismas manos, a las manos de los dueños del mundo”.

El espacio no es suficiente para dar cuenta de este libro, que en sus 127 páginas es sin duda de lectura indispensable para la reflexión acerca del mundo en que vivimos. Es reconfortante que, a pesar de la política incierta que nos agobia, alguien inserto en su práctica sepa utilizar su conocimiento para contribuir a pensar en la esperanza y las posibles salidas en un mundo agobiante, asfixiado por un liberalismo que debemos ser capaces de remontar con utopías posibles, como plantea Lauro en la última parte de libro, pensando en algo tan olvidado como el agro mexicano.

El Padre Ubú vivió una época en la que el sistema neoliberal no se había instituido. Pudo gobernar su reino, aislado de un mundo que desde mucho antes era global, pero no se proclamaba como tal.

La base de su riqueza económica era la recaudación de impuestos y la explotación de los pobres, sin ser tocado por una perversión diferente a la suya, como la ideología del libre mercado. Si hubiera estado en el mundo de hoy en día, hubiera tenido que atenerse a tratados internacionales, y tal vez con su abyección hubiera mantenido el poder, pero eso no fue el caso. A diferencia de lo que vivimos hoy en día.

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