Educación vs. Demagogia.

Desde los tiempos de platón se consideró que la educación es tan importante, que “no podía ser confiada a cualquiera y tenía que ser responsabilidad del Estado”. En nuestros días continúa siendo evidente que la educación es una responsabilidad pública y más compleja que en los tiempos de Platón, pues en ella debe intervenir, por supuesto el Estado como órgano rector, los padres de familia, los niños, los jóvenes, los maestros, y todo ciudadano que desee opinar en torno a esta cuestión pública.

La educación es uno de los procesos más importantes para que el ser humano vaya conociendo y erradicando sus conductas naturales originarias: la violencia, la discriminación, el maltrato, la subordinación y la injusticia. La educación es el factor de transformación más importante para acceder a estadíos de civilización progresiva.

De la educación depende el respeto y ejercicio de nuestros derechos y obligaciones para con nosotros y los demás, de ella también depende la evolución y calidad de nuestra cultura cívica en lo individual y lo colectivo, de la educación depende la calidad de la cultura de convivencia social democrática, creo que por eso Fernando Savater sostiene  que “la sociedad debe educar en defensa propia”, de ella depende la calidad de ciudadanos que somos, y la calidad de la sociedad en que vivimos.

Pero cuando uno escucha a los políticos hablar en sus campañas respecto a la educación básica, se refieren a un sin número de promesas y ofrecimientos para resolverle gratuitamente “todos” los problemas tangibles del sistema educativo público, pero no escuchamos casi nunca que se refieran de forma concreta  y puntual, a cómo podemos mejorar juntos la calidad educativa para formar ciudadanos de calidad, esforzados y autosuficientes, capaces de aportar su talento a un ambiente de armonía, respeto, solidaridad, paz social y progreso democrático.

La retórica política sobre la educación se especializa en hablar de lo importante que son los maestros, de su apostolado y de cómo les van a resolver las carencias que padecen en los centros de trabajo, pero no lo dicen ni siquiera con respeto, pues detrás de esa arenga por demás superficial está el interés de congratularse con ellos, para obtener su trabajo político electoral hacia los Padres de familia en la búsqueda de votos, y los maestros y maestras lo saben.

Cuando los políticos en campaña hablan de la educación ante los Padres de familia, se esmeran en hablar de la gratuidad efectiva, del mejoramiento de las aulas, de los laboratorios, de las salas de cómputo, de dignificar los sanitarios, de la necesidad de contar con espacios deportivos, de la gratuidad de los materiales escolares, de las becas, y de otras cosas más que tradicionalmente llevan en su lista de prebendas.

Pero pocos o nada hablan de cómo construir un modelo educativo de mejor calidad , y digo que muy pocos, porque en el caso de México, las campañas políticas Presidenciales y Legislativas de 2018, se hicieron en contra de una perfectible “reforma educativa”, y cuando la actual generación de políticos conquistó el poder, votaron en contra de la posibilidad de que México pudiera hacer algo por la calidad de la educación de los niños y jóvenes, los legisladores actuales votaron por la desaparición del Instituto Nacional de Evaluación Educativa, votaron a favor de que el otorgamiento de plazas y ascensos escalafonarios fueran manejados por los maestros, y que estos no estuvieran ligados a una evaluación de desempeño profesional del docente, votaron por devolver a los grupos políticos magisteriales prácticamente todo el control del sistema educativo.

Nadie en sus cabales puede sostener que los maestros no sean importantes en el proceso educativo, claro que lo son, pero no pueden sustituir en esta enorme responsabilidad al Estado, los maestros no pueden ser juez y parte del proceso que ellos son contrapartes, ahí tenemos un claro conflicto de interés político y económico, de complicidad política, de acuerdos que no permite mejorar la educación en beneficio de los niños y jóvenes de las presentes y futuras generaciones, desafortunadamente todos los argumentos en contra fueron descalificados y tildados de pensamiento conservador y neoliberal que presumiblemente atentaban contra la educación pública.

Es un argumento populista y falaz culpar al sistema económico neoliberal de querer privatizar la educación, como Padre de familia puedo decir que cuando uno enfrenta la necesidad de buscar la mejor opción educativa para sus hijos, desafortunadamente lo primero que descarta es la educación pública, su informalidad, la falta de innovación pedagógica, de perfil técnico y científico, hacen que uno llegue a la conclusión de que  la peor educación es la que imparte el Estado, por esta razón, el sector educativo privado crece considerablemente, porque ofrece el servicio menos malo, regular o bueno, según sea también el costo, pero entonces, no hay que culpar al neoliberalismo ni a los conservadores de querer privatizar la educación, yo creo que debemos culpar al Estado por no cumplir con su obligación de ofertar una educación pública de calidad.

Esta deficiencia injustificable del Estado hace que muchos ciudadanos padres de familia haciendo un esfuerzo gastan por doble partida, por una parte pagan impuestos para que el Estado otorgue educación, y por la otra, tienen que pagar un servicio particular para educar a sus hijos, pero ojalá que ese dinero público que millones de padres de familia no ejercen en el sistema educativo público, sirviera para que otros niños tuvieran una educación de mejor calidad en la escuela pública, desafortunadamente esto no es así.

También se critica mucho al neoliberalismo porque mediante la publicidad “ha creado una sociedad consumista compulsiva”, yo creo que el mercado hace lo que a su naturaleza corresponde con los medios que tiene a su alcance, ofrecer competitivamente su universo de posibilidades de consumo, pero la culpa del consumismo no la tiene el mercado, la tiene el Estado, ya que la mala calidad educativa que otorga no permite la formación de ciudadanos: conscientes, críticos, selectivos, moderados, que sepan distinguir entre lo que necesitan, y lo que no necesitan, entre lo que es de provecho, y lo que es perjudicial, entre lo que es necesario y la frivolidad excesiva.

Si el Estado no imparte una educación de calidad expone a los ciudadanos a que sean gobernados por el mercado, pero en ello el Estado vuelve a fallar, por eso hace falta una reforma educativa que mejore la calidad de formación de los ciudadanos, para que después no se tenga que legislar para prohibir tal o cual forma de vida o consumo, la prohibición en una mentalidad somera alienta la conducta trasgresora.

Pero la baja calidad educativa nos lleva a un peor escenario, pues cuando se analizan indicadores de comportamiento y convivencia social cotidiana, es devastador ver la cantidad ascendente de casos de: violencia intrafamiliar; maltrato infantil; consumo de pornografías; feminicidios; secuestros, asesinatos; robos con violencia, entre muchas variantes de criminalidad, ahí nuevamente nos damos cuenta de que la educación en México no está funcionando, no está haciendo del cuidado una mejor persona, pareciera lo contrario, y esto no puede ser, el Estado está fallando una vez más en una de sus tareas sustantivas, otorgar una educación cultural y civilizante de mejor calidad.

Desafortunadamente hoy día abundan los políticos populistas, la mayoría, que se aprovechan de este doloroso problema social, para vender sus ideas disparatadas de felicidad a cambio de votos, de promesas de solución de los problemas comunitarios a cambio de votos, votos a cambio de dádivas y prebendas que no le resuelven ni al presente ni el futuro a niños, jóvenes y ciudadanos en general.

La educación debe compartir equitativamente en cada nivel una información  y capacitación asertiva, sobre principios humanistas, sociales y el conocimiento técnico y científico, para que la persona pueda acceder al diseño  de su proyecto de vida, elegir y trabajar en el desarrollo de las posibilidades que desea delante de sí, y con ese conocimiento humanista, técnico o científico, pueda planear los derroteros de trabajo en los que habrá de materializar sus aspiraciones personales, que deben ser una contribución congruente con el trabajo y patrimonio de toda la sociedad de su país y de la comunidad mundial, porque la circulación global de las ideas culturales es un hecho y no un invento neoliberal como se dice por ahí.

La fatalidad que hoy priva al ciudadano no es únicamente la falta de escolaridad formal de calidad, no, es la falta de una educación que priva al ciudadano de poder pensar, comprender, valorar y diferenciar las circunstancias que suceden en su entorno para tener una postura propia, para elaborar su proyecto de vida, “esa es la ignorancia peligrosa porque provoca que algunas personas vivan supeditadas a lo que dicen otras”, de ahí que el rumor, la leyenda, los mitos, la intriga y la propaganda política abusiva, muevan en México a más personas que la cultura y todos los libros del mundo.  

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